Yo No Lo Conocí

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  Tuve dudas. Pensé en el taco, en los niños y sus tareas, en mi trabajo pendiente, en tantas cosas. Contra toda cordura crucé Santiago en su peor hora para llegar a una pequeña sala. Era la presentación de un libro sobre la vida y obra del padre Hernán Alessandri, titulado "Ofrenda de amor". Fue al anochecer, la gente se abarrotó en el pequeño espacio y hubo que abrir puertas y ventanas, agregar sillas y aún así muchos quedaron de pie. ¿Qué tuvo este hombre que lo hizo tan intensamente atractivo?, ¿cómo fue tan fructífero que fundó obras de categoría como María Ayuda y las Misiones Familiares?

| Mariana Grunefeld Mariana Grunefeld

Tuve dudas. Pensé en el taco, en los niños y sus tareas, en mi trabajo pendiente, en tantas cosas. Contra toda cordura crucé Santiago en su peor hora para llegar a una pequeña sala. Era la presentación de un libro sobre la vida y obra del padre Hernán Alessandri, titulado "Ofrenda de amor". Fue al anochecer, la gente se abarrotó en el pequeño espacio y hubo que abrir puertas y ventanas, agregar sillas y aún así muchos quedaron de pie. ¿Qué tuvo este hombre que lo hizo tan intensamente atractivo?, ¿cómo fue tan fructífero que fundó obras de categoría como María Ayuda y las Misiones Familiares?

Hablaron amigos íntimos, sacerdotes, sucesores en su empresa social. Que fue un hombre de una claridad e inteligencia sin igual, ganaba tantas medallas cada año en el colegio que no quedaba espacio para colgarlas. Que a la vez fue un amigo tan excepcional sencillo y bondadoso que lo llamaron hermano y enseñaba y ayudaba a sus compañeros seminaristas, lo que lo convirtió en la poco frecuente y excepcional mezcla de bondad abrumadora y brillantez sin igual. Que era un adulto con alma de niño, capaz de subir un burro a un auto y pasearse por todo Santiago sólo para lograr obstinadamente su objetivo de hacer cada año un pesebre vivo. Que reía y gozaba profundamente con el arte y la naturaleza. Cuando niño tenía en su casa tantas gallinas, palomas y las especies más diversas de pájaros y animales que cuando adoptó algo parecido a un tigre, su madre dijo basta. Que era tan generoso que su padre dejó de comprarle abrigos ya que siempre los regalaba. Que teniendo todos los privilegios por cuna, educación y talento, se fue a Carrascal y a dedicarse a las niñas más despojadas y maltratadas de la sociedad. Que enfermándose sin entender nada, quedó postrado diez años y mostró una dignidad y fe superiores al repetir con su hilo de lucidez "más que hacer hay que ofrecer". Él se ofreció en silencio y sus obras se multiplicaron.

Apenas terminó la presentación, compré el libro y salí rápido para volver a mis quehaceres. Cuando. de pronto, manejando no pude evitar llorar. Qué pena, qué dolor no haber conocido a un hombre así. Qué suerte quienes lo conocieron. Las lágrimas caían y caían sin cesar. Tuve que secarme la cara en un semáforo cuando imaginé que otras personas me verían. ¿Qué les diría?, ¿qué estoy llorando por alguien que murió hace años atrás y que yo ni siquiera conocí?  

Para parar la emoción desbordada empecé a dar vuelta mis argumentos y a pensar en tanta gente valiosa que sí conozco, en tantos sacerdotes, hermanas, familiares, amigos, profesores que han pasado por mi vida. Entonces recordé una antigua nota en un diario capitalino que siempre me ha conmovido. Un hombre escribe sobre un compañero de curso al que apenas conoció y con el que apenas trabó amistad. Una vez se cruzó con ese compañero en La Alameda, no le prestó atención, apenas lo miró, en cambio conversó con otro que caminaba junto a él. Cuando años después leyó en las noticias que ese compañero de curso tan alejado y sin gracia para él había muerto, quedó perplejo. Resulta que fue uno de los poetas y escritores más grandes de nuestra tierra y él, estúpido y ciego, lo supo tarde, demasiado tarde como para invitarlo a tomarse un café.

Leer este libro tan sencillo y por lo mismo tan conmovedor sobre la vida del padre Hernán, abre a maravillarse y agradecer por la vocación, por la generosidad de una entrega total, por la amistad entrañable de sacerdotes que muestran un heroísmo, un compromiso y una fe sobrecogedoramente mariana. Sacerdotes ejemplares que tenemos al lado nuestro haciendo de cada día su propia ofrenda de amor.

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