Evangelio domingo 8 de marzo

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Domingo 8 de marzo de 2020 | Juan Enrique Coeymans

8 de MARZO del 2020

Evangelio según San Mateo, capítulo 17, 1 - 9

Segundo Domingo de Cuaresma

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo". Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: "Levántense, no tengan miedo". Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos".

Meditación de Juan Enrique Coeymans Avaria

"Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo".

Jesús pareciera decirnos: hay dos momentos muy singulares en la Escritura respecto a mí: Lo último que dice mi madre es en las Bodas de Caná: Haced lo que Él os diga. Y lo último que dice mi Padre es en esta escena de la Transfiguración, en que igual que mi madre en el tiempo recalca, escúchenlo. Ambas frases son una forma indirecta de decir que Yo soy el Verbo, y vine a decirles lo que mi Padre quería que Uds. escucharan. Por eso, busquen la paz y la alegría en leer las Escrituras en especial los Evangelios porque escucharme a través de ellos son los encargos de mi Madre María y de mi Padre de los cielos.

Desde joven recibí la gracia de amar las Escrituras. Fue un regalo del cielo. Sentí que era una forma especial de estar en contacto con Jesús. Pero la pregunta que me asalta frente al pedido de Jesús y de María, por qué amando las Escrituras caigo en tantos planos, por qué soy tan pequeño y miserable. Quizá a veces soy demasiado escrupuloso, lo que en el fondo es falta de infancia espiritual que me lleva no aceptarme como soy, y por lo tanto creer que yo tengo que superar mis dificultades, y no el Señor que vino a salvarnos y nos sana. El cristianismo no es magia, es abandono en las manos de Jesús y de María.

Señor Jesús, bendito y alabado seas ahora y siempre. Te adoro a Ti con el Padre y el Espíritu Santo, que son la Trinidad infinita llena de amor que habitas en el alma de tus hijos. Te doy gracias por recordarme las cosas esenciales. Por hacerme mirar lo que importa. Señor, no me dejes nunca, Tu eres la alegría de mi vida, hecha presente a través del amor de mi familia y de las personas que me quieren, bendito seas ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

AMÉN

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