Evangelio martes 14 de enero

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Martes 14 de enero de 2020 | Juan Francisco Bravo

14 de ENERO del 2020

Evangelio según San Marcos , capítulo 1, 21 - 28.

Martes de la Primera Semana del Tiempo Ordinario

Entraron en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, ¡y estos le obedecen!". Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.

Meditación de Juan Francisco Bravo Collado

¿Has venido para acabar con nosotros?

Jesús me dice: "Preferirías pasar desapercibido. Preferirías estar en el público. Preferirías que tu encuentro conmigo sea como espectador y no como testigo. Mirar un milagro, pero no vivirlo. Ver como otros sanan, pero no sanar tú. Pero no es así: tu encuentro conmigo sí tiene un impacto en tu vida. Y eso conlleva ser sacudido violentamente. Y puede incluir un alarido fuerte, con el alarido del poseído de este texto. Porque para experimentar la medicina debes tomarla. Elegir es renunciar. Por eso te pregunto: ¿estás dispuesto a elegirme a mí y dejar ir tus espíritus impuros para encontrarte conmigo?"

Cuando me he enfrentado a este texto anteriormente, me había identificado con los que miran. Hoy, en cambio, me identifiqué con el espíritu impuro. Esto me horrorizó: ¿qué me está pasando? Después de meditar un poco más, me di cuenta que esta identificación con el espíritu impuro me permite examinar mi propia dimensión sombría. También me percato de la ansiedad que siento al encontrarme con Jesús, porque no quiero que nada me sacuda violentamente. Me incomoda renunciar a algunas pulsiones que sé que me hacen mal, pero me resultan cómodas, placenteras o simplemente se han anquilosado en mi personalidad.

Querido Jesús, ayúdame a decidirme con fuerza y sin reservas por Ti. Ayúdame a reconocer mis propias áreas sombrías, que me llaman a integrar cosas que tú pusiste en mi corazón. Y sobre todo, dame la lucidez y voluntad que necesito para renunciar y extirpar aquello que me ata o que me hace menos libre. Que vaya más allá del miedo a renunciar a mi comodidad, a lo placentero o a lo que me da una falsa sensación de seguridad. Bendíceme con el regalo de saberme completamente tuyo.

AMÉN

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