LA ECONOMÍA DE FRANCISCO, VOCACIÓN Y LUCRO, Y SCHOENSTATT

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| Valentina Alarcón Valentina Alarcón

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El 1° de mayo de 2019, el Papa Francisco envió una carta dirigida a todos los jóvenes, entre los 18 a 35 años, que se sintieran llamados a formar parte del Congreso “La Economía de Francisco” para trabajar juntos por una Economía, entendida como gestión de la casa común, que incorpore caminos más dignos, sostenibles e inclusivos a través de un pacto global que dé alma a la economía del mañana[1].

Para postular, los jóvenes podían clasificar en una de las 3 categorías: Investigador, Empresario o Emprendedor Social y/o Changemaker (Líder en algún proyecto o programa de acción de cambio). En esta carta[2], nos mostró cómo san Francisco de Asís podría ser un buen compañero de ruta y que, como él, sigamos los pasos de Jesús, miremos juntos la belleza de su relación con Él y del cuidado de la “Madre Tierra”. Él ya nos había dicho antes: “Si tenemos en cuenta que el ser humano también es una criatura de este mundo, que tiene derecho a vivir y a ser feliz, y que además tiene una dignidad especialísima, no podemos dejar de considerar los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de desarrollo y de la cultura del descarte en la vida de las personas.”[3].

En noviembre recién pasado, 2000 jóvenes fuimos convocados a participar del evento y de esos, 500 para el pre evento en donde nos reunimos a estudiar, compartir con gente de todas partes del mundo, credos y culturas junto a Economistas como Jeffrey Sachs, Activistas como Vandana Shiva e incluso algunos premios nobel de Economía como Amartya Zen y de la Paz, como Muhammad Yunus. El congreso será en la ciudad de Asís, como símbolo de unidad y fraternidad humana. Está conformado por doce “pueblos”: la gestión y don, las finanzas y la humanidad, la agricultura y la justicia, la energía y la pobreza, la vocación y el lucro, las políticas para la felicidad, CO2 y la desigualdad, los negocios y la paz, la economía y la mujer, entre otros.

Dada la contingencia, este evento se postergó para noviembre 2020. Pero no fue impedimento para trabajar a distancia en los distintos pueblos preparando el camino para noviembre. En mi caso, estoy colaborando en Vocación y Lucro.

Al mirar los signos de los tiempos: las crisis que vivimos tanto en Chile como a nivel mundial, el llamado del Papa Francisco para buscar una Economía más digna, sustentable e inclusiva. Por otra parte, al recoger mi historia y mi vocación, creo que Schoenstatt colabora muchísimo en este ámbito.

Luego de agradecer y celebrar con mi familia y amigos que había sido invitada a participar, me surgieron algunas preguntas: ¿Cómo puedo responder como jóven desde mi historia personal, vocación y experiencia? ¿Qué quiere Dios y la Mater que yo lleve a Asis? ¿Cómo hacerlo desde el carisma de Schoenstatt? ¿Qué puede aportar Kentenich desde su pedagogía a la Villa de Vocación y Lucro? ¿Qué hemos hecho en Chile? ¿Qué buenas prácticas podemos compartir?

Quisiera compartir algunas reflexiones preliminares en torno a Schoenstatt y el Congreso la economía de Francisco. Vienen a mi mente algunos acontecimientos simples, aunque significativos. La consagración del Padre Kentenich a la Virgen a los nueve años; el programa educativo innovador presentado a los jóvenes congregantes basado en la autoeducación, libertad y confianza como camino lleno de Dios; el encuentro entre un jóven soldado (congregregante) y una enfermera en donde intercambiaron anhelos y una revista MTA; la consagración de un matrimonio en medio del campo de concentración, la construcción del primer santuario filial, el surgimiento de los santuarios hogares y los del corazón; las juventudes que siguen buscando consagrar su corazón a nuestra Mater; el día en que cada uno de nosotros selló su alianza con la Mater y tantos otros.

Estos acontecimientos, que parecen ser sencillos a los ojos del mundo, cobran sentido cuando captamos que Dios Padre actúa a través de corrientes de vida, de personas concretas unidas en solidaridad de destinos como parte del bello misterio de Schoenstatt por medio la FPDP[4]. Él va iluminando los pasos al lado, si nosotros le decimos que sí y va despertando vida en abundancia (cf. Jn 10, 10) desde la propia vocación que se va ensanchando para ser compartida. Pienso que un camino que regala Kentenich para el desarrollo integral, personal y comunitario, es mirar el camino que tantos han hecho a través del desarrollo del Ideal Personal.

Caminar juntos en alianza sin duda tiene consecuencias sociales y nosotros las conocemos porque las hemos experimentado en Schoenstatt. Por mencionar algunas:

-       El valor del reconocimiento de la persona en sí misma (Gn 1, 27) por quién es y no por cuánto me puede dar.

-       El don y regalo de custodiar la vida y conducir procesos, cuando hemos tenido la oportunidad de acompañar a otros en su camino. Luego, la alegría de observar cómo por sí mismos, comienzan a relacionarse originalmente con la Dios y la Mater y vemos los frutos que genera ese diálogo a través de la vida que se va gestando a través de sus anhelos y proyectos.

-       La riqueza de la unión entre la Fe práctica con los signos del tiempo, tan propio nuestro y que al mismo tiempo, es un punto de encuentro e invitación a la acción. Está también la hemos aprendido juntos y la hemos puesto al buscar dar respuestas concretas allí en donde nos encontramos y vemos la urgencia. 

Pienso en el trabajo con personas de distintos credos, interdisciplinariamente, de acuerdo a su valor y aporte desde su propia vocación y talentos, en nuevos espacios de diálogo que favorecen el intercambio y acrecientan la experiencia de ser peregrino para el desarrollo de la vida que va surgiendo en los equipos y en quienes nos acompañan a distancia y en mi vida personal, con el fin de ofrecer renovadas maneras de interactuar en la Economía para ser compartidos buscando el bien común. Todo esto es un modo de vincularse similar al de nuestra cultura de alianza que Dios nos ha regalado. Y me pregunto si este llamado que recibí hace unos meses podría ser también un llamado que resuene hoy para toda nuestra familia de Schoenstatt.

El Papa Francisco nos hace un claro llamado: “Queridos jóvenes, sé que sois capaces de escuchar con el corazón los gritos cada vez más angustiosos de la tierra y de sus pobres en busca de ayuda y de responsabilidad, es decir, de alguien que “responda” y no dé la espalda. Si escucháis a vuestro corazón, os sentiréis portadores de una cultura valiente y no tendréis miedo de arriesgarnos y de comprometeros en la construcción de una nueva sociedad. ¡Jesús resucitado es nuestra fortaleza! (...) «¡Por favor, no dejen que otros sean los protagonistas del cambio! ¡Ustedes son los que tienen el futuro! [...] Les pido que sean constructores del mundo, que se metan en el trabajo por un mundo mejor» (n. 174).[5]

Valentina Alarcón Escobar.

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