Misiones Católicas de Ciudad del Este

            Un conmovedor testimonio de un joven con corazón ardiente. Un grito de alegría y esperanza venido de las tierras paraguayas de Ciudad del Este.

| Fabián López Juventud Masculina Fabián López Juventud Masculina

¿Conoces aquella tierra cálida y familiar donde el amor eterno se ha preparado: donde corazones nobles laten en la intimidad y con alegres sacrificios se sobrellevan; donde, cobijándose unos a otros arden y fluyen hacia el corazón de Dios; donde con ímpetu brotan fuentes de amor para saciar la sed de amor que padece el mundo?
Yo conozco esa maravillosa tierra: es la pradera asoleada con los resplandores del Tabor, donde reina nuestra Señora Tres Veces Admirable en la porción de sus hijos escogidos, donde retribuye fielmente los dones de amor manifestando su gloria y regalando una fecundidad ilimitada.
¡Es mi terruño, es mi tierra de Schoenstatt!

¿Saben qué es lo que más me gusta de esta oración? Que describe por completo lo que uno vive en las misiones, cualquiera que sea, y que de manera PROVIDENCIAL nació de nuestro hermoso Santuario del Terruño de Ciudad del Este. ¡Qué alegría para todos nosotros sentir esta oración como nuestra, como si nos estuvieran hablando a cada uno de nosotros! A poco no se sintieron así como dice en esta oración en las misiones.

Dios obra de maneras impensables y con mucho amor sobre cada uno de nosotros. Muchos tenemos nuestra historia de vida a cuestas, cada quien con sus propios motivos de por qué fue a las misiones. Y si se fijan, cada motivo fue pensado por Dios, de manera providencial, para que nosotros sus hijos estuviéramos presentes en esos días tan hermosos para nuestras vidas.

Para muchos fueron sus primeras misiones, otros ya tenían más experiencias, pero lo sentido y vivido es lo mismo, y al lugar donde nos llegó también: al corazón. Y sobre eso tenemos mucho para hablar, mucho para contar, muchos testimonios de amor después de las misiones, parejas que nacen de esta experiencia de misión, parejas que por primera vez misionan juntos, parejas que van preparándose para esa vocación tan hermosa que es la vida matrimonial. El testimonio de amor es grande, y se da de manera gratuita y sin mezquinar nada.

 

Si me preguntan con qué palabra describo a las Misiones Católicas CDE, les diría que con la alegría. ¿Y por qué? Porque creo yo que ese fue el factor común en estas misiones, se sentía la alegría de servir a Cristo y a María, la alegría de quien se sabe hijo amado y predilecto, y que aparte sentía que esa era su misión, que era a eso a lo que estaba llamado en ese momento a hacer. Cada uno de nosotros VIVIÓ aquella parte de la música que decía "cuando la alegría llega desde arriba no existen las fronteras, sólo hay que compartirla."

Hoy doy gracias a Dios por regalarme esta experiencia de misión tan hermosa y tan llena del Espíritu Santo, y por regalarme a hermanos en Cristo, que si bien nos separan 350 km de distancia, hay algo más grande que nos une y es ese amor que de Dios ha nacido y que por medio de su Hijo y de la Mater hemos experimentado en estos días.

No teman, elijamos este camino una y otra vez más, salgamos afuera. ¡No somos héroes, SOMOS MISIONEROS!

‘Juventud viva. Corazón ardiente’

 

 

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