No solo de pan vive el hombre - Lucía Zamora

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Es imperceptible el trabajo de nuestra voluntad y de la gracia de Dios, pero los efectos pueden llevarnos a cambiar poco a poco el mundo en el que vivimos. "No solo de pan vive el hombre" estas palabras de Jesús. El P. Kentenich las tenía muy claras, sabía perfectamente que la renovación del mundo viene de nuestro corazón.

Miércoles 16 de mayo de 2018 | Lucía Zamora

Tengo poco más de cuatro años trabajando la pedagogía de Schoenstatt con señoras de la periferia, mujeres humildes y con pocos estudios. Hace unas semanas, en una de nuestras reuniones, una de ellas comentó, que cuando llegué a esa pequeña comunidad, esperaban de mí cosas materiales: despensas, ropa, juguetes etc., y que por esta razón habían acudido un gran número de señoras, las cuales fueron desertando cuando se dieron cuenta que mi intención era solamente regalar un poco de formación personal y espiritual. Y así fue como me quedé con solo siete mujeres, mujeres que ahora tienen una alianza de amor con María y están conquistando su Santuario Hogar.

San Juanico es el nombre de esta pequeña comunidad que se encuentra en la periferia de la ciudad, es un lugar con muchas carencias, sin embargo no está del todo olvidado, el gobierno les ofrece oportunidades para que puedan tener una vida digna. Les ha enseñado a tener granjas de pollos, les proporciona material para construir estufas de leña y cosas así, pero para que les puedan proporcionar ayuda, primero les dan cursos y analizan su situación y es así como deciden a quienes se les van a proporcionar las herramientas para el proyecto en cuestión.

Cuenta una de estas lindas mujeres, que estuvieron estudiando para obtener alguno de estos proyectos, y cuando se llegó el día de la entrega del material, a ella y a su hermana (las dos de mi pequeño grupo) no les tocó nada, al igual que a otras familias, pero lo bonito de esto fue, que no reaccionaron igual que los demás, no se disgustaron ni se desanimaron, se alegraron por las personas que sí obtuvieron la ayuda y comprendieron muy bien que así tenía que ser.

Cuando terminaron de relatar esto, comentaron con una gran sonrisa, como en ese instante de rechazo, observando la reacción de otros en su misma situación, la cual fue de enojo, se descubrieron a sí mismas como mujeres dispuestas a recibir todo de la mejor manera, se observaron como personas ya diferentes, no por lo que tienen, porque no tienen mucho, sino por lo que son, y lo que son ahora, es por lo que han estudiado, por lo que hemos platicado dentro del grupo y por supuesto por su "SÍ" con María.

En un grupo de mujeres con un nivel económico estable y una escolaridad profesional, la reacción de estas señoras puede parecer lógica, pero cuando se vive en la pobreza y sin estudios, la misma necesidad no hubiera permitido tal equilibrio emocional, sino que las hubiera sacado de sus casillas muy fácilmente. Como ven, este pequeño e insignificante acontecimiento es un logro ya visible para ellas, porque ni yo misma lo hubiera notado. Es imperceptible el trabajo de nuestra voluntad y de la gracia de Dios, pero los efectos pueden llevarnos a cambiar poco a poco el mundo en el que vivimos.
"No solo de pan vive el hombre" estas palabras de Jesús, el P. Kentenich las tenía muy claras, sabía perfectamente que la renovación del mundo viene de nuestro corazón. No se puede anhelar un mundo mejor si el nuestro no está bien, necesitamos educarlo, formarlo y enriquecerlo con el corazón de los demás. Esto no es fácil, y también lo sabía, tal vez porque él mismo lo experimentó, sin embargo, encontró la forma de llegar a lo más profundo de nuestro ser, encontró la manera de que cada persona "quiera" mirar en lo profundo de su corazón para poder vencerse a sí misma en lo ordinario del día a día; pequeñas acciones cuyo único fin es el de llevarnos a la santidad, pues para ser santo no es necesario enclaustrarse y castigarse, se necesita simplemente "querer" hacer feliz a los demás y esto lo logramos al salir de nuestro egoísmo y servir desinteresadamente en medio de las exigencias de nuestro tiempo, lo demás... Dios nos lo dará.

Para los que conocemos la pedagogía de Schoenstatt sabemos lo que vale, es oro molido, ya que es rico aquél que lo ha descubierto, y más aún cuando lo hace vida.
Siempre es difícil responder cuando nos preguntan ¿y qué hacen en Schoenstatt? ¿qué es la Alianza con María? o ¿qué pretende la pedagogía del P. Kentenich?...En mi opinión, nuestro fundador fue el instrumento de nuestro tiempo para llevarnos a responderle por convicción "Sí" a María, el cual nos lleva a vivir el Evangelio paso a paso y día a día.

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