Pasos como campanas: Resonancias de Mario Hiriart (Parte 4)

“La Iglesia es la portera de la casa del Señor, no es la dueña”, nos dice el Papa Francisco, y tiene mucha razón. Una percepción que también compartía nuestro Mario Hiriart.

Miércoles 2 de noviembre de 2016 | Amelia Peirone

Es portera

Leer bien el Evangelio acarrea temores. Parece sucederle a unos obispos italianos que se quejan de no saber adónde los lleva el Papa. Bueno... una cosa está clara, se salvan de la cobardía, por el coraje de manifestar su ignorancia. No es que solo el Papa Francisco lea bien el Evangelio de Jesucristo, antes lo hicieron otros, y él prefirió escuchar también a esos santos y discípulos fieles. De esa suma, concluye que "la Iglesia es la portera de la casa del Señor, no es la dueña".

Es portería, lugar donde se hallan las puertas, y portera, como la señora que recibe y abre la puerta al que llega. Las dos facetas indican una condición de servicio: para entrar, normalmente se necesita que haya una puerta; para pasar, si no se es asaltante, se necesita que alguien abra la puerta. Para mejor, el Papa expresa la manera en que deben permanecer las puertas: "¡Nada de puertas blindadas en la Iglesia! ¡Todo abierto!". Y no es que invente algo, simplemente entendió el Evangelio:

"La Iglesia debe llegar a todos, sin excepciones. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie".

La combinación de servicio y apertura puede ser un cóctel letal. Remueve comodidades, saca del centro el eje del "yo" y pone el "tú". ¿Cómo no se van a desorientar y enojar los que creen que están varios escalones arriba de otros, y que su morada es un palacete con muros defensores? Cualquiera entiende la protesta italiana y de otras nacionalidades.

Gracias a Dios, existen los que no entienden el idioma de los protestones, porque ya habían entendido lo mismo que el Papa. Ellos son los santos de siempre. Vale por Madre Teresa: "No cierren las puertas a los pobres; ellos son como el mismo Jesús... por eso, somos Iglesia, no una ONG, trabajamos no para un proyecto, sino para

Alguien" y "si lo amamos, serviremos, porque el fruto del amor es el servicio".

Aunque hay voces más locales, como la de nuestro Mario Hiriart, que también anticipó la percepción del Papa. Dice que simplemente miró "hacia las manos abiertas del Padre celestial", y a la que vivió "siempre abierta al cielo, 'Vaso espiritual', 'Vaso de honor' abierto siempre para Dios", y fue suficiente para que le quedara todo claro, especialmente "la ley de la puerta abierta", que le enseñó José Kentenich, no sólo para entrar por la puerta que se ve abierta, sino para abrir las que están cerradas.

Parece que el Papa señaliza bien el camino, si es que en la Iglesia se sigue a Alguien, se es fiel a Alguien, y se conoce y realiza una misión al servicio de otros. Cada una de esas expresiones rebosa por todos los poros de apertura e interpela la nuestra para ser realidad.

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