Vacaciones en Familia

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El tiempo estival es ideal para reposar el alma, asistir más frecuentemente a la santa misa, dedicarle algo más de tiempo a la oración, ya sea en la mañana, al caer la tarde o en esos ratos perdidos en el día. Invierta unos minutos diarios en una pequeña reflexión o lectura espiritual. En ella, ponga el año sobre la mesa y haga una buena evaluación de lo vivido...La idea es que las vacaciones nos ayuden a mirar el año con alegría y optimismo. Es lo propio cristiano, humano, fraterno. Las vacaciones no son para evadir la realidad sino para, en un ambiente distendido, poder abordarla con mayor hondura y sabiduría.

| Padre Hugo Tagle Padre Hugo Tagle

¿Por dónde empezar para sacarle partido a esas preciosas y cortas semanas de vacaciones? Antes de nada, ellas son tiempo de familia. Al menos una de las semanas de este tiempo veraniego debemos planearla exclusivamente con el grupo familiar, aunque sea invitando a otra familia. Hoy en día, gracias a los medios de comunicación y a las posibilidades económicas, los jóvenes pueden planear vacaciones solos a más temprana edad. Se viaja más. 

En este contexto, es tanto más importante dejar una o un par de semanas exclusivamente para la familia. Incluso, que los hijos no inviten amigos durante ellas. Será la oportunidad para más largas sobremesas; para esas conversaciones que no se tienen durante el año, para juegos al caer la tarde, largos paseos, andar en bicicleta o hacer deporte con los hijos. Y esto último es un ítem importante: aproveche de hacer deporte. Lo que sea, aunque se trate de largas caminatas.

Otro punto es la lectura. Aborde con decisión, valentía y coraje la odisea de leer un buen libro. Al menos 400 páginas. Abundan las buenas novelas, libros de historia, poemarios, aventuras. Si no le gusta hacerlo, hágalo al menos para dar un buen ejemplo a otros, sobre todo a sus hijos y a los jóvenes. El ver gente leyendo, contagia positivamente.

Las vacaciones no son ir "de evento en evento"; llenar las noches con actividades, encuentros con quien uno apenas ve durante el año, asados interminables y finalmente lateros; compromisos sociales que existen sólo en la cabeza. Insisto: se trata de hacer un esfuerzo por desconectarse y así rendir mejor al término de ellas.

Grandes ideas surgen en momentos de silencio y reflexión. De ahí que un buen reposo, permitirá abordar mejor el año que se nos viene por delante.

Hacer vacaciones es ayudar a que otros también puedan hacer vacaciones. Si tiene un cargo de responsabilidad ante otras personas, si es jefe, respete entonces los horarios de comienzo y término de las vacaciones de sus subalternos. Un buen jefe no molesta a mitad de vacaciones; no hace llamadas innecesarias, no deja "temas pendientes". Por lo mismo, cierre bien sus compromisos: si hay trabajo que le corresponde a usted y que no realiza, lo terminará haciendo otro. Y eso no es justo, salvo que lo hayan acordado así.

Hacer vacaciones con otros no es "a costa" de ellos. Quienes me acompañan no son mis sirvientes: hágales la vida feliz a los demás y tendrá buen descanso.

Al hacer vacaciones en familia, involucre a sus hijos en las tareas domésticas que correspondan. Siempre existen. Así todos las aprovecharán mejor y será fuente de aprendizaje para ellos. Quienes tengan casa de veraneo, bueno será dedicar un poco de tiempo a su ornato, arreglo o limpieza. Se valora más lo que se cuida y por lo que se trabaja.

Vacaciones: tiempo para Dios

Dios no sale de vacaciones. Está siempre pendiente de nosotros. Es su trabajo y lo hace con gusto. Le cansa más el desatendernos. Como un buen padre, descansa al saber de sus hijos y no al revés. Lo estresante para un padre es el no saber en qué están sus hijos. Lo mismo con Dios. Pues bien, dedíquele un tiempo a Él.

El tiempo estival es ideal para reposar el alma, asistir más frecuentemente a la santa misa, dedicarle algo más de tiempo a la oración, ya sea en la mañana, al caer la tarde o en esos ratos perdidos en el día. Invierta unos minutos diarios en una pequeña reflexión o lectura espiritual. Desconecte la música, las noticias o el video. Como sea, busque algo de intimidad y soledad. No se trata de momentos de gran intensidad, sino que simplemente dejar que Dios llene todos los espacios del alma. Cristo, que lo da todo, no pide nada. Quien está con él, gana mucho.

En ella, ponga el año sobre la mesa y haga una buena evaluación de lo vivido. Siempre habrá algo positivo que rescatar. Lo negativo será materia de aprendizaje, maduración y reencuentro con Dios y los demás. No hay experiencia, si es honesta y de cara a Dios, de la que no podamos sacar un buen provecho. Esto mismo le permitirá afrontar el año que viene con mayores energías, sabiduría y optimismo.

¡Y preparase para marzo!

Decir marzo es casi una palabra fea, un insulto. Hay una propaganda de un banco que nos advierte ante esta aparición fantasmal y amedrentadora. No tiene porqué ser así. Al contrario. La idea es que las vacaciones nos ayuden a mirar el año con alegría y optimismo. Es lo propio cristiano, humano, fraterno. Las vacaciones no son para evadir la realidad sino para, en un ambiente distendido, poder abordarla con mayor hondura y sabiduría. Por ello asumimos "marzo" y lo que ello implica con esperanza, orgullo y fe.

De ahí que nos preparamos bien para abordar el año con energía. Por de pronto, dedique un buen tiempo para planear en conjunto con su familia las tareas y proyectos anuales: colegios, universidades, viajes, cambios de trabajo o casa. Algún matrimonio o llegada de un nuevo miembro a la casa. Con reposo, sin apuros pero sin tropiezos, podemos hacer de la llegada del año laboral y académico, un tiempo más amable y llevadero.

Sin duda a todos nos hace bien desconectarnos. Que marzo traerá su propia agenda. A "cargar las pilas" para afrontar bien el año.

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