Año de la Misión, ¿dónde quedó el 31 de mayo?

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Cuando leí por primera vez la carta del P. Heinrich Walter, Presidente Internacional de Schoenstatt, en su mensaje de apertura para el año de la misión, me quedó la sensación de que había un gran ausente: el 31 de mayo. Lo he vuelto a leer varias veces y dicha sensación se ha convertido en constatación. Es cierto que el P. Heinrich habla de la importancia de las acciones misioneras, de la relevancia de la Virgen Peregrina, de los Madrugadores, que ha sido un gran acontecimiento en la vida de Schoenstatt y de la Iglesia, de las acciones de los colegios y de otras realidades dignas de destacar. Así y todo me sigue faltando el desde dónde asumimos la misión del Padre Kentenich, cuál es el sello que queremos darle a esta año que nos habla de la misión que él nos dejó, que él nos legó. Me hizo falta el sello de nuestra mirada, el sello de nuestra acción misionera, que es original a nuestra forma de ver la "misión" que tenemos hacia la Iglesia y el mundo cultural.

| Rafael Mascayano Rafael Mascayano

Cuando leí por primera vez la carta del P. Heinrich Walter, Presidente Internacional de Schoenstatt, en su mensaje de apertura para el año de la misión, me quedó la sensación de que había un gran ausente: el 31 de mayo.

Lo he vuelto a leer varias veces y dicha sensación se ha convertido en constatación. Es cierto que el P. Heinrich habla de la importancia de las acciones misioneras, de la relevancia de la Virgen Peregrina, de los Madrugadores, que ha sido un gran acontecimiento en la vida de Schoenstatt y de la Iglesia, de las acciones de los colegios y de otras realidades dignas de destacar.

Así y todo me sigue faltando el desde dónde asumimos la misión del Padre Kentenich, cuál es el sello que queremos darle a esta año que nos habla de la misión que él nos dejó, que él nos legó. Me hizo falta el sello de nuestra mirada, el sello de nuestra acción misionera, que es original a nuestra forma de ver la "misión" que tenemos hacia la Iglesia y el mundo cultural.

Decía nuestro P. Kentenich en la plática del 31 de mayo del 49:
"Hace poco señalaba la gran tarea que tenemos aquí en Chile como pequeña Familia. Sin embargo, el motivo que nos reúne hoy en esta tarde, indica que el Padre Dios nos ha confiado una gran tarea para todo el mundo, especialmente para Europa, para el Occidente. ¿De qué tarea se trata? Se trata de desenmascarar y sanar radicalmente el germen de la enfermedad que aqueja al alma occidental: el pensar mecanicista.

Tengo bastantes razones para suponer que Dios ha impuesto en este sentido una carga pesada a nuestra Familia. La ley de la puerta abierta me persuade de ello. Quien tiene una misión, debe serle fiel y cumplirla".

Estoy plenamente de acuerdo con las iniciativas planteadas por el P. Heinrich, sin embargo, no puedo dejar de pensar que este año también es un gran llamado a centrarnos en lo que es lo más original de nosotros, para así entregarlo a la Iglesia y al mundo. De otra forma, podríamos hacer muchas acciones, las cuales podrían estar o no en el ámbito de esta cruzada del amor orgánico que el Padre nos legó, que el Padre nos dejó como tarea.

Me falta también en este año de la fe, al cual ha llamado Benedicto XVI, una presencia más activa a revelar a la Iglesia este don de la Fe práctica en la Providencia de Dios. Es un año de la misión y de la fe, por lo cual tenemos algo muy original que decir al respecto y que entregar como regalo que nuestro Padre nos dejó a través nuestro a la Iglesia y a la sociedad. Es una forma de mirar la realidad desde una perspectiva distinta, que asume lo planteado por Benedicto XVI cuando plantea en su Porta Fidei "... una 'consecuencia y exigencia postconciliar, consciente de las graves dificultades del tiempo, sobre todo respecto a la profesión de la fe verdadera y su recta interpretación".

Está inserta también en los cincuenta años del Concilio vaticano II, ocasión en que el P. Kentenich pudo volver a ser reconocido como parte importante en la Iglesia por Paulo VI. Son muchos los "acontecimientos" que se suman como para no presentar "nuestra misión", desde una actitud providencialista que llama a que el Padre pueda estar más presente que nunca.

Benedicto XVI manifiesta en otra parte de su carta: "Gracias a la fe, esta vida nueva plasma toda la existencia humana en la novedad radical de la resurrección. En la medida de la disponibilidad libre, los pensamientos y afectos, la mentalidad y el comportamiento del hombre se purifican y transforman lentamente, en un proceso que no termina de cumplirse totalmente en esta vida. La 'fe que actúa por el amor', se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y acción que cambia la vida del hombre".

¿Y qué dice nuestro Padre el 31 de mayo?
"Tengo bastantes razones para suponer que Dios ha impuesto en este sentido una carga pesada a nuestra Familia. La ley de la puerta abierta me persuade de ello. Quien tiene una misión, debe serle fiel y cumplirla".

"Ustedes, a su manera, pueden ayudarme a llevar la responsabilidad y compartir la misión de la Familia".

"Quien tiene una misión ha de cumplirla, aunque un salto mortal siga a otro. La misión de profeta trae siempre consigo suerte de profeta".

"Dos pensamientos deben conducirnos a la lucha, dos lemas que como estrellas deben brillar en nuestra vida. Uno es: Tua res agitur! Clarifícate! ¡Se trata de tu misión, de tu tarea, ahora, por tanto, glorifícate tú y tu Obra! El segundo lema es: ¡Mater perfectam habebit curam! La Sma. Virgen se glorificará de la manera más perfecta si nosotros nos esforzamos donde quiera que sea por tirar de su carro de triunfo. Entonces, ella cuidará de nosotros y de su Obra de Schoenstatt y la guiará victoriosa a través de las luchas, tal como lo ha venido haciendo a través de los años pasados de persecución...".

Esta cruzada por el amar, pensar y vivir orgánicos, es una tarea de gran desvalimiento, pero contamos con la presencia de la Virgen María para que nos vuelva a centrar en Cristo Jesús.

Paulo VI nos llama a volver a rezar y vivir el "credo", ¿cómo rezaremos y viviremos desde la Fe Práctica en la Providencia de Dios el credo que nuestro Padre nos legó en este año de la misión, de la fe y los 50 años del Concilio Vaticano II?

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