Curso sobre el 20 de enero - El Contexto Eclesial (Video 3)

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En esa época, el nazismo se había apoderado de todo en Alemania. La Iglesia, por caminos subterráneos, trata de que la Encíclica Non abbiamo bisogno llegue a todas las parroquias. En esta encíclica, el Papa condena al nazismo, como una doctrina contra todo lo que Dios quiere. Esto se lee en todas las parroquias burlando a la Gestapo, lo que enfurece a Hitler y hace que la represión, que había llegado a su culminación especialmente contra los judíos, se desate contra la Iglesia. Schoenstatt, como parte de la Iglesia, y todas las organizaciones de Schoenstatt tienen que o disolverse o pasar a funcionar en las catacumbas.

Viernes 21 de julio de 2017 | P. Rafael Fernández

CURSO 20 DE ENERO

 VIDEO 3

CONTEXTO ECLESIAL

  1. I.              VER VIDEO
  2. II.            TRANSCRIPCIÓN DEL VIDEO

 

¿Qué pasa con la Iglesia en este contexto…? Vamos a mencionar sólo algunas cosas. Es el siglo 19, León XIII es el Vicario de Cristo. La Iglesia debía dar respuesta a los problemas sociales, a las desviaciones que se habían producido y empieza a poner en el tapete algo que nunca se había dado: la doctrina social de la Iglesia. El Papa, mediante la promulgación de la encíclica Rerum Novarum dejaba patente su preocupación por las condiciones laborales de las clases trabajadoras y sobre muchos asuntos planteados por la revolución industrial, como justicia social en la economía y la industria, derecho a la propiedad privada, a la formación de sindicatos, etc.

Después, en el siglo XX, surge un Papa extraordinario, que es Pío XI, un coloso en la historia de la Iglesia. Su papado va de 1922 y hasta 1939. Ya en 1922, fundó la Acción Católica,”, pues uno de los principales objetivos de su pontificado fue organizar a los laicos a través de la Acción Católica, con el fin de cristianizar todos los sectores de la sociedad, de lo social, de los trabajadores, de la injusticia social en el trabajo, en las empresas... Es llamado el “Papa de la Acción Católica”.

También, en este contexto, se refiere al matrimonio cristiano y publica la primera encíclica sobre el matrimonio cristiano, Casti Connubi, en 1930. Pensemos lo que había ocurrido en Rusia donde se había tratado de borrar la familia.  La familia estaba en crisis en todo el mundo, ahora más todavía. Pío XI publicó también encíclicas sociales como Quadragesimo Anno, en 1931, para conmemorar los cuarenta años de Rerum Novarum, en la que manifestaba su opinión sobre la necesidad de reconstruir el orden social, retomando lo que expresaba y proponía la Iglesia a través del Papa León XIII en la encíclica Rerum Novarum, ahoraen una forma más elaborada y clásica.

Su conflicto con la Iglesia en Italia, donde Mussolini había implantado la dictadura fascista, se produjo cuando –coherente con su visión totalitaria- Mussolini intentó controlar por completo la formación de la juventud italiana. Debido a ello entró en colisión con la Acción Católica (1931). En su encíclica Non abbiamo bisogno, (No tenemos necesidad de…), Pío XI hizo una completa defensa de la libertad de la Acción Católica y denunció los abusos de Mussolini.

En este mundo vive el P. Kentenich, que no era un extra-terrestre ni estaba concentrado solamente en la fundación de Schoenstatt. Ciertamente él estaba formando una Familia, pero para ese mundo y como respuesta a ese mundo. La acción del Papa Pío XI tiene dos puntos culminantes. Uno es en relación con  Alemania con la publicación de su encíclica, hacia el final de su pontificado, en marzo de 1937, Mit brennender Sorge (Con ardiente preocupación), sobre la situación de la Iglesia Católica en el Reich Alemán, y que es una condena al nazismo y a Hitler. En ese contexto, la referencia a “espíritus superficiales que caen en el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional, y emprender la loca tarea de aprisionar en los límites de un pueblo solo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios, creador del mundo, rey y legislador de los pueblos, ante cuya grandeza las naciones son como gotas de agua en el caldero (Is 40, 5)”, no deja dudas de su reprobación al régimen nazi.

Esto sucedía cuando el nazismo se había apoderado de todo en Alemania. La Iglesia, por caminos subterráneos, trata de que esta Encíclica llegue a todas las parroquias. En esta encíclica, el Papa condena al nazismo, como una doctrina contra todo lo que Dios quiere. Esto se lee en todas las parroquias burlando a la Gestapo, lo que enfurece a Hitler y hace que la represión, que había llegado a su culminación especialmente contra los judíos, se desate contra la Iglesia. Schoenstatt, como parte de la Iglesia, y todas las organizaciones de Schoenstatt tienen que o disolverse o pasar a funcionar en las catacumbas.

El mismo año, 1937, Pío XI publica otra encíclica Divini Redemptoris, en la que condenaba en términos explícitos el comunismo ateo de Lenin y Stalin que invadía todo el mundo. Son los dos grandes focos que dominaban el mundo, especialmente Centro Europa. Estados Unidos todavía estaba lejos de la posición que adquirió después.  El marxismo, poco a poco, iba invadiendo el universo.

En este mundo vivía el P. Kentenich.

Creo que tenemos que considerar estas cosas con mucha atención y pensar que Schoenstatt es respuesta a esa problemática actual de ese hombre actual, de este hombre que está viviendo esto. Y el P. Kentenich siente que Schoenstatt es una respuesta para este tiempo, para este hombre, para esta sociedad. Ve que lo que pasa con Hitler y el nazismo, lo que pasa con Stalin y el comunismo, con Mussolini y el fascismo, son la misma ideología y que él llama el bolchevismo. Después se referirá a las herejías modernas como herejías propias del marxismo y del nazismo y se referirá a ellas como herejías antropológicas. El prevé que estas ideologías harán mucho más daño en el futuro. Son diversas formas políticas, económicas del mismo espíritu, del espíritu colectivista.

Esto es lo que está pasando en la Iglesia. En 1939, muere Pío XI y le sucede Pío XII, quien había redactado la encíclica Mit brennender Sorge  contra el comunismo ateo.

¿Qué pasa en Schoenstatt, como comunidad, como Familia? En 1919, empieza un largo período histórico hasta 1939.

Esto lo veremos en la próxima sesión.

 

  1. III.           PREGUNTAS Y TAREAS

 

  1. 1.    Preguntas
  • ¿Existe algo semejante a lo que aconteció con el nacional socialismo hoy día?
  • ¿Qué entiende el Padre Kentenich por “bolchevismo”?
  • ¿Qué entiende el Padre Kentenich por “herejías antropológicas”?
  • Cuando el P. Kentenich habla de “bolchevismo”, “colectivismo”, “herejías antropológicas“, ¿usa términos que significan lo mismo o hay alguna diferencia entre ellas?
  • ¿Qué herejías antropológicas contenía el nacional socialismo programado por Hitler?
  • ¿Qué relación hay entre el marxismo de Stalin y el marxismo propuesto por Antonio Gramsci?

 

  1. 2.    Tareas

 

  • Analizar cuáles son las herejías antropológicas más evidentes en nuestro contexto cultural concreto.
  • Elegir algún campo de estas herejías y la respuesta doctrinal y vital que Schoenstatt ofrece.
  • Considerar las dos grandes dictaduras de Hitler y Stalin y las dictaduras que hoy día se dan en nuestra cultura.
  • Considerar nuestra manera de ejercer la autoridad en la familia, en los negocios, en la política, en la Iglesia, etc., cotejándolo con lo que propone el Padre Kentenich.
  • Ver qué sucede hoy respecto a los “derechos humanos” en relación a las injusticias sociales y a la ideología de género.
  •  

 

 

IV. TEXTO DE APOYO

TEXTO TOMADO DE LA CONFERENCIA DADA EL 25  ENERO  DE 1963 EN MILWAUKEE.

¿Debemos entrar en detalles? Dios es el jefe. Esto lo realza una y otra vez: Dios es el jefe de su pueblo. Y es Dios el que siempre de nuevo le trae a la conciencia, a él y a todo el pueblo: Yo soy el Dios que te ha librado de la servidumbre: Yo soy el Dios que te ha llevado a la tierra prometida: ¡Yo soy ese Dios! De ahí la necesaria consecuencia: bajo ninguna circunstancia puedes adorar otros dioses. Según la forma de pensar de entonces, se refería a los dioses de los otros pueblos. Ningún otro dios. Él debe ser el centro. Y Moisés no tiene otra tarea  que indicarle permanentemente a su pueblo: el Señor quiere, el Señor ha dicho, el Señor dese. (…)

Esto va tan lejos, que toda la legislación tiene siempre presente que nosotros, tampoco en las cosas económicas, no tenemos ninguna propiedad. Las cosas no nos pertenecen. ¿A quién pertenece todo? La propiedad le pertenece a Dios: Dios es el propietario, nosotros somos solamente los usuarios. Claro, esto no tiene que ver con los problemas modernos, en que el Estado posee tales y cuales cosas y el individuo no tiene propiedad, ya que el Estado puede disponer de todo. No, aquí lo tratamos como algo puramente teórico-religioso: una total dependencia (de Dios) Todos los bienes, todo el país... ¿A quién le pertenece? Le pertenece a Yahve, le pertenece a Dios. (…)

Si quieren leer nuevamente el Magnificat pueden y deben verificar cómo Dios intervino en su vida: esta es la primera parte. Gustosamente pensamos en nosotros: ¿Cómo ha intervenido Dios en nuestra vida? Agregamos gustosos: ha actuado a través de la Stma. Virgen, pero, al fin de cuentas, es él (el que actúa) En la segunda parte se explican las grandes constantes del Reino de Dios, del Dios de la historia; podemos decir que era el Dios de la historia de la Stma. Virgen.

Y si queremos usar cosas, así como existen y se usan hoy más y más en la vida política y económica, tenemos que ver y percibir cómo lleva las riendas el Dios vivo. Dios está en todas partes. Es el Dios poderoso, es el Dios bondadoso, es el Dios sabio. Tiene las riendas en la mano. Pero tiene como meta ante los ojos el crear una sociedad antifeudalista. ¿Comprenden por qué digo esto?

Esta es la gran preocupación del tiempo actual, quebrar el feudalismo. Esto es lo que en el pueblo israelita, a través de la elección de un rey, de la constitución de una monarquía, llegó a ser un gran peligro: se llegó a constituir un sistema de estado feudalista.

¿Qué significa esto? Un estado de clases (sociales), es decir, de contrastes entre las diversas clases, podríamos decir, entre las castas. No es que no sea natural el que se constituya un estado, una comunidad y que haya allí un liderazgo vivo. Pero un liderazgo que sea cercano al pueblo, que crezca del mismo pueblo.

Por eso hablamos, preferentemente, de un solidarismo. Estas son las grandes cuestiones que preocupan a nuestro tiempo. No sé si han leído lo que escribí en 1948 (Carta del 6.05.48, desde Nueva Helvetia, Uruguay) Esa es la gran visión de futuro que posee el bolchevismo. No lo deben pasar por alto: tienen una visión de futuro, una finalidad histórica, un sentido histórico: (lograr) desmontar la estructura de castas (y obtener) una cierta igualdad, libertad, fraternidad.

En el sentido de la S. Virgen, en el Magnificat, debemos concebirlo primeramente con relación a Dios. Por eso, todos somos semejantes, iguales unos a otros ante Dios como criaturas, como hijos de Dios, como miembros de Cristo. Solidarismo. Pero este solidarismo, con el tiempo, debería también legitimarse entre los pueblos y naciones y en toda auténtica y verdadera comunidad.

Y a partir de aquí, pongan atención: ¡Qué tragedia, podemos tal vez decir,  significó (el emperador) Constantino para la Iglesia! Digo “tragedia” desde un cierto punto de vista. ¿Cómo era antes?

¿Debemos decir que la Iglesia estaba orientada más democráticamente? No es que  no hubiera tenido un liderazgo, pero había un sentimiento interno de pertenencia, un solidarismo. El jefe, la jefatura, el sacerdocio, también el episcopado (9) mantuvo el estrecho contacto con la masa, con el pueblo.

Y luego, a través de Constantino, el sacerdocio, especialmente el episcopado, el cargo episcopal, fue elevado a un estado propio.

Comprendan, por favor: esto se habría producido de todos modos –donde hay una comunidad debe haber también un jefe– y que ellos representen una cierta  comunidad, es natural. Siempre hemos hablado de comunidad de jefes y comunidad del Padre. Pero, ¡eso no puede representar una casta! Y ¡cuán fuertemente ha dañado esto a la Iglesia en el curso de los siglos y de los milenios. 

Tenemos que comprender cómo hoy ciertamente se percibe, también en círculos católicos, que la Iglesia, con esta casta superior siempre se mantiene unida. (…)  En Baviera, hasta hace muy poco tiempo, hemos tenido el hecho de que los Obispos eran elevados al estado de la nobleza. Vean ustedes, a través de ello, quedaban todos comprometidos con el Estado.

Y ahora viene la gran jugada. Esto es lo que pretende el bolchevismo, lo que el socialismo lleva adelante, lo que a nosotros, hasta ahora, apenas nos resulta.

Sabemos del solidarismo, conocemos la gran idea del cristianismo en ese sentido, pero el abolir el sistema de castas, el acercamiento recíproco de las clases sociales, de las clases altas, altísimas y bajas, en la práctica, nos ha resultado miserablemente poco.

Aquí se hace presente la gran ley que ya conocemos y que formuló San Agustín: “utamur haereticis”, es decir, tenemos que usar, aprovechar a los enemigos de la Iglesia. Ellos quieren, muchas veces, lo que nosotros deberíamos realizar pero que no lo hemos realizado. De por sí es una vergüenza; de por sí deberíamos tener nosotros, tanta fuerza desde el interior de la Iglesia hacia fuera, tener tanta fuerza vital, que pudiéramos resolver los problemas por fuerza interior, por presión interna, pero no porque por obra de otros, se nos incendie y arda la casa y casi se nos queme todo.

Desde este punto de vista podemos dejar caer un poco de luz sobre el Santo Padre Juan XXIII, actualmente reinante. Es reconocido, incluso por el bolchevismo, cómo el Santo Padre se preocupa de cerrar o al menos de suavizar ese abismo entre la capa dirigente eclesial, la jerarquía, y el pueblo. Eso se le reconocerá  siempre con gratitud. Quería incluso suprimir el “Nosotros” (plural majestático) Se juntó con sus colaboradores para compartir la mesa, lo que antes no estaba permitido: el Papa debía comer siempre solo... Esos son signos de acercamiento; de eso se trata.

Con esto se ilumina, desde luego, la forma como nosotros nos debemos dar  como superiores. Acostumbramos preferentemente a decir: estamento de jefes, estamento de padres. En el estamento de padres o en el concepto de padre, comunidad del padre, está en sí clásicamente expresado lo que debemos y lo que queremos ser: estar solidariamente unidos entre nosotros. Esto es solidarismo: ni socialismo, ni comunismo. Estar solidariamente entrelazados y unidos, unos con otros, arriba y abajo.

Si nuevamente volvemos al Magnificat –ojalá lo estudien con frecuencia– encontrarán  qué grandes pensamientos se encierran allí. Él, el que está allí: todo gira  también aquí en torno a Aquel que ahí está. Dios la condujo y la llenó de gracia. Dios rige toda la historia de salvación y la historia del mundo según ciertas leyes, y se ha manifestado en la historia de su pueblo, del pueblo de ella. Historia: es la última parte del Magnificat. Ahí tenemos a la revolucionaria. Es como si pudiéramos o quisiéramos decir: la Sma. Virgen ha adoptado las ideas de Moisés... limitándose primera o inmediatamente a la forma. (,,,) Pero, ¡qué poco se ha realizado!

Y si tenemos una gran misión para la Iglesia en las nuevas playas, deben al menos mantener en la mente: no podemos contentarnos sólo con la idea. Tenemos que lograr dominar, en nuestro propio círculo, esa arrogancia de casta, el sistema de casta: digo expresamente “casta”, pues entonces entienden de qué se trata.

Esto significa, primero (la relación entre) superiores y subalternos, significa comunidades sacerdotales y comunidades laicales. No queremos un sistema de castas. Queremos ser comunidad del Padre y también, rectamente concebido, comunidad de jefes, pero sin representar una casta.  Solidarismo entre todas las agrupaciones, sea entre los Institutos y nosotros (padres de Sch.) , entre las Federaciones y nosotros o entre la Liga y nosotros. Esto debemos aplicarlo, tarde o temprano, cuando se trate del apoyo económico recíproco; es decir, quisiéramos  de por sí expresar el ideal anticipado, pero eso, no sólo en forma puramente espiritual, sino también vitalmente, en cierto sentido, incluso económicamente.

¿Cómo puede ser esto? Evidentemente no debe aparecer como lo quiere el colectivismo o el bolchevismo. En estas cosas está siempre el concepto de solidarismo: él sabe dar siempre la última respuesta. Tenemos ahora que pensar cómo se debe  y cómo se debería expresar, en la práctica, la respuesta.

Creo que así les repetí nuevamente, resumida y profundizadamente, lo que se puede decir acerca de Moisés, de Moisés como el gran jefe, como el ideal de nuestro liderazgo, de nuestra paternitas.

Para terminar, quisiera nuevamente destacar fuertemente el pensamiento: “Yo soy el que está allí” ¿A quién lo aplicamos? Vale en todas las situaciones: ¡No estamos solos! El concepto de instrumento nos lo hace reconocer claramente: Yo soy Aquel que está allí.

Pensemos en el Acta de Fundación: ¿Cómo se nos presenta la S,a. Virgen? Si hacéis esto y aquello, ¿qué haré yo entonces?: Yo atraeré los corazones, yo los atraeré a mí. ¡Yo lo haré! No dejemos de verlo: no debemos pensar que lo haremos nosotros solos. “Yo atraeré los corazones a mí.” Dice, pues, ella: yo estoy aún allí, en cierto sentido, soy aquella que ahí está; hay que tomarla en cuenta.

Se recuerdan  cuando el Señor nos dijo: “No os preocupéis angustiosamente qué debéis comer y beber”... (13) El tercer fundamento lo podemos delinear ahora así: “no lo olvidéis, yo estoy aún aquí; quiero tener algo que decir, no debéis olvidarlo”. Él, el que está ahí. ¿Comprenden el telón de fondo? Porque la humanidad  configurada y orientada con criterios diferentes, sobre todo por el modo de pensar bolchevista, siempre parte del punto de vista contrario: ahí ya no existe Dios; y si existiera, él no está ahí, estará en alguna otra parte, no está entonces aquí, con nosotros ni está aquí con los demás.. Por eso, reafirmar siempre: “Yo soy el que estoy aquí”.

Y la Stma. Virgen agrega: yo los educaré. También, pues, si debemos educar; es una seria tarea para todos nosotros mañana y pasado mañana tenemos que educarnos, tenemos que educar a nuestros seguidores, tenemos que tener principios de selección.

No olvidéis nunca: “Yo los educaré, yo educaré los corazones juveniles – siempre somos jóvenes, si se trata de la S. Virgen – como instrumentos en mi mano”. Podemos siempre pronunciar esa palabra o que hemos dicho: “Ya, yo estoy aquí; no olvidéis que también  yo estoy aún allí; quiero tener algo que decir”. No debéis actuar como si pudierais  y debierais hacer todo solos.

Ciertamente, también a la inversa. La Stma. Virgen no dice: “Yo estoy sola allí...” Dice: “si vosotros no hacéis esto y aquello...” Tenemos que cooperar, también coeducar, educarnos nosotros y educar a otros.

Si ahora tienen tiempo y sienten deseos, harían bien en verificar qué dificultades tuvo que superar Moisés y luego comparar: ¿Cuáles fueron nuestras dificultades? Se trata de lo que siempre me gusta decir: lo que hasta ahora se ha desarrollado en nosotros, corresponde a  las constantes normales del Reino de Dios, también cuando se trata... (---) O cuando tan a menudo se me pregunta si creía  realmente que alguna vez sería liberado. Suelo responder diciendo: lo que ha sucedido hasta ahora es normal, pertenece a las leyes del Reino de Dios, no es  ninguna prueba de que no regresaré.¿Acaso sucederá? Eso lo dejamos al buen Dios. Así son las cosas.

Si esto lo sé, deben pensar: ¡Cuánta serenidad nos da! No es que no tenga sentimientos, no se trata de eso. Pero si se tiene siempre un claro y firme punto de vista, entonces sabemos lo que San Pablo nos dice y lo que quiere exigir de nosotros: ¡esto vir, viriliter age! Sé hombre, actúa como hombre!. (cfr. I Cor.16, 13)

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