Dios ha sembrado la primera semilla de la humanidad en África

Juan Luis Vacher lleva poco tiempo en Burundi, un país golpeado por el hambre, la violencia y la injusticia en todo sentido. Sin embargo ha sabido encontrar a Dios, precisamente en ese lugar que otros dirían fue olvidado por el Señor, y en esta carta nos cuenta cómo lo hizo.

Martes 16 de febrero de 2016 | Juan Luis Vacher

Muy queridos hermanos y hermanas en la Alianza.

Cuando en un pequeño y pobre país del África central del Este, como es Burundi, en las calles se ven soldados y policías armados con fusiles, con morteros y a veces con ametralladoras, cuando circulan por las calles motos, pequeñas motonetas con un acoplado incorporado, taxis y viejas "van", que son los medios de transporte, entre camionetas y camiones militares fuertemente armados; cuando hay calles que se encuentran semi cerradas por alambradas de púa modernas (esas como con dientes de tiburón o de cocodrilo) y sus correspondientes guardias armados, y uno ve a la población burundesa desplazarse a sus lugares de trabajo (los que cuentan con uno) o a sus universidades, los jóvenes, o a sus escuelas, liceos y colegios, los niños y adolescentes, cuando, a pesar de esos anti-signos de vida, la población no deja de sonreír con espontaneidad y generosidad, cuando sus miradas no han perdido el brillo de la esperanza; cuando la Misión SION GIYUNGU abre sus puertas a las 05:45 de la mañana; cuando el día comienza a clarear y a las 06:00 suenan las campanas de la torre coronada con una cruz iluminada toda la noche con una hermosa y significativa luz azul (que es la Madre velando junto a su Hijo Amado), la buena gente de todas las edades y en gran número, comienzan a llegar a la primera misa, y luego, todo el día, se suceden las personas, hombres y mujeres, jóvenes, adolescentes, niños y ancianos que vienen a rezar al Santuario de la Mater, hasta las nueve de la noche, que es tarde, aquí, pues el día oscurece pasadas las 18:30 horas; cuando se suceden las adoraciones al Santísimo Sacramento, gran parte del día, cerrando la jornada, la última adoración de media hora que dirige algún Padre de la Comunidad, todas estas instancias acompañadas de bellos cantos y oraciones en francés y en KIRUNDI, entonces es posible reavivar la esperanza en un mundo mejor, reavivar la fe en una Iglesia servidora de la vida, reavivar el AMOR en la presencia de un DIOS VIVO y creer más que nunca en la capacidad de conversión del ser humano.

Sí, reafirmo que Dios ha sembrado la primera semilla de la humanidad, aquí en África, que lo que he visto y vivido en estas tres primeras semanas, aquí en Bujumbura, capital de Burundi, lo que viví el domingo pasado allá en Mutumba, a treinta kilómetros de aquí, lugar de la "cuna" de Schoenstatt en Burundi, lugar fundado en 1962 por las Hermanas Marianas alemanas, al participar de una peregrinación de la Rama de Señoras y ver la fe y la alegría de todas y todos los que participaron de la Santa Misa con bailes a la antigua usanza, realizado por niñas y adolescentes y pequeños ataviados con sus trajes ancestrales; cuando he presenciado un ensayo de un grupo de jóvenes varones con sus tambores "sagrados" de vieja estirpe real (los tambores pertenecían al rey y reafirmaban sus palabras, decisiones y leyes) y he sido testigo de la vitalidad de lo mejor del alma africana.

Entonces recupero mi fe en SCHOENSTATT VIVO, mi fe en la realidad de la MISION DEL 31 DE MAYO, como una tarea urgente posible de la RENOVACIÓN DE LA IGLESIA, DEL HOMBRE, DEL MUNDO, entonces creo firmemente en la posibilidad de encaminar a la IGLESIA, hacia LA OTRA ORILLA, la de las NUEVAS PLAYAS.

Gracias Padres de Schoenstatt de BURUNDI, CONGO, SUIZA y CHILE (son 12, más 12 Estudiantes, 9 Novicios y 8 Candidatos), gracias Hermanas de María BURUNDESAS, ALEMANAS Y SUIZAS, (son 29 o 30 aproximadamente, más Novicias y Postulantes), gracias Hermanos de María CONGOLEÑOS (5), gracias SACERDOTES DIOCESANOS BURUNDESES DEL INSTITUTO, ¡¡¡son 39 miembros y 7 novicios!!!

Con fe y esperanza renovada en el Dios del AMOR y de la VIDA, en la Alianza en nuestro Santuario de Bellavista, desde Mont Sion, Gikungu.

Los invitamos a leer la primera carta de Juan Luis Vacher desde Burundi en este link.

 

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