El 18 de octubre, la Familia de Schoenstatt inició un año jubilar

  La palabra jubilar viene de "júbilo", es un año de júbilo, de alegría. Un año de alegría porque queremos agradecer al Señor y a nuestra Madre y Reina, todo lo que nos ha regalado durante los 100 años de vida de Schoenstatt, que se cumplirán el próximo año, el 18 de octubre del 2014.Celebramos la obra de Dios, que sin duda ha sido producto y fruto de lo que Dios nos ha dado a través de María, pero también del esfuerzo y la entrega de muchos miembros de Schoenstatt en el transcurso de estos decenios.Un año jubilar, el Padre Kentenich lo define de esta forma en la jornada de Octubre de en 1951:"¿Qué quiere un año jubilar?Una nueva fundación.¿Qué quiere un año jubilar?Quiere poner al descubierto los cimientos de la Familia, para construir de nuevo sobre ellos.¿Que quiere un año jubilar?  

| P. Rafael Fernández P. Rafael Fernández

Verificar todo lo que surgió y creció; si es sano, recto o si algo se torció y debe ser enderezado".
Las palabras de nuestro padre y fundador dan pié para una reflexión, justamente al iniciar este año jubilar.
Por cierto, toda la Familia de Schoenstatt durante este año quiere agradecer y el 18 de octubre del próximo año 2014, será un año en el que vamos a ir, ojalá muchos, al lugar del Schoenstatt de origen, para dar gracias por todo lo que ha surgido. Se ha hablado de las 5 o 6 carpas, donde se los agruparán los testimonios de las obras apostólicas que Schoenstatt ha llevado a cabo en el tiempo trascurrido, por ejemplo, del trabajo realizado al interior de Schoenstatt mismo, en el ámbito eclesial, en la educación, en la pastoral familiar, en la Virgen Peregrina, el mundo social, etc, etc.
Dios no ha dado muchísimo y seríamos muy poco agradecidos con si no reconociéramos los dones que el Señor y la Mater nos han regalado.
Pero el Padre Kentenich, al definir lo que es un año jubilar, nos habla de una nueva fundación, es decir, de refundar Schoenstatt. No significa fundar "otro" Schoenstatt, sino que, como él lo dice, volver al origen, a la tierra madre que hizo posible que Schoenstatt surgiese, a los fundamentos. Por que, como repite el Padre una y otra vez, "Todo reino se conserva a partir de las fuerzas que lo originaron". Nos llama a poner al descubierto los fundamentos de la Familia, para poder seguir construyendo sobre ellos, con más profundidad con más ganas todavía.
¿Cuáles son esos fundamentos?
Por una parte, la iniciativa del Padre Kentenich y de los estudiantes de la Congregación mariana que lo acompañaban. Y, por otra parte, la acción de nuestra Mater en su santuario.
Schoenstatt surgió de una iniciativa donde el hombre estaba directamente comprometido. Schoenstatt no fue fruto de una aparición o de una intervención extraordinaria de Dios, como ha sido el caso en muchos otros lugares de gracias marianos.
No hubo ninguna leyenda particular, o que la Virgen se le hubiera aparecido al Padre Kentenich o dado alguna señal milagrosa para manifestarle sus deseos. Nada de eso, simplemente el Padre, mirando la realidad, considerando en concreto lo que iba a pasar al haberse recién declarado la primera Guerra mundial, visualizando lo que iba a suceder con los estudiantes, que tendrían que partir pronto a enrolarse en el ejército, él medita y ve la capillita que había sido reparada para realizar en ella las actividades de la Congregación mariana, se preguntaba qué querría Dios de él mismo, de los congregantes y de la Congragación fundada en Abril de ese mismo año.
Los estudiantes van a ir al campo de batalla, hemos trabajado muy fecundamente con ellos, pensaba, ¿qué querrá la Virgen? Y ahí cae en sus manos, como sabemos, un escrito donde se habla de un abogado, Bartolo Longo, de Nápoles, que en su tiempo le había pedido a la Virgen que ella hiciera lo que hoy llamaríamos "milagro de gracia" en la ciudad de Pompeya, que estaba corrompida moralmente. Y allí surgió lo que hoy día es el Santuario de Pompeya.
Esto iluminó al Padre Kentenich, que se dijo: ¿por qué no podemos pedirle también nosotros a la Virgen que se establezca acá en esta capillita y ella realice desde acá también milagros de transformación, de fecundidad apostólica? La iglesia necesita renovación urgentemente, ¿por qué no pedirle a la Virgen que aquí surja, una fuente de renovación para la iglesia?
Decidió hacerle esta petición y, cuando regresan los congregantes de sus vacaciones, les da a conocer su "secreta idea predilecta", invitándolos ha hacer causa común con él, haciéndole "suave violencia" a María. No lo hace simplemente pidiendo una intervención extraordinaria, sino que diciéndole a la Virgen, nosotros te vamos a ofrecer abundantes contribuciones al Capital de gracias, es decir, muchas pruebas de nuestro amor, vamos a probarte con hechos que realmente te amamos, y con ello te vamos a atraer para que establezcas en nuestra capillita tu trono de gracias.
Ese fue el origen de Schoenstatt, esos son los fundamentos de la Familia, y siempre que Schoenstatt surge en un lugar, es fecundo o no es fecundo, en la medida que se reitera este origen, en la medida que haya personas que toman la iniciativa, que ofrezcan una entrega probada en hechos a la Virgen, especialmente su autoformación, el esfuerzo por cambiar la vida, por ser más consecuentes, dando pruebas que no solo se trata de palabras y buenos deseos, sino que realmente quieren cambiar y convertirse en instrumentos en sus manos para un cambio profundo, tanto en la Iglesia como en la sociedad, un cambio, una renovación.
Y la respuesta nos la dio la Virgen. Eso es lo que nos muestra en estos 100 años de vida. Se ha mostrado y demostrado en el santuario. Ella se ha manifestado en él como madre y educadora, como una reina misericordiosa, como medianera de gracias, como Compañera y Colaboradora en la obra redentora de Cristo, su Hijo.
¿Qué nos regala? Gracias de arraigo en Dios, de transformación interior, y de fecundidad apostólica. Schoenstatt es y surgió para ser un centro de renovación, donde surjan hombres nuevos y una nueva comunidad. En otras palabras, donde surja un nuevo tipo de cristianos, que vivan de verdad la unión de fe y vida. Que no viven simplemente una piedad, una devoción, o muchas veces incluso una superstición, sino que son gestores de cambio histórico en manos de María, que se juegan por el reino de Cristo aquí en la tierra.
Si queremos iniciar un año jubilar, tenemos que volver a estos cimientos. De la cooperación humana y del compromiso. Debemos reeditar ese "estar con la mano en el pulso del tiempo", para descubrir en ellas la voluntad de la divina Providencia, para no pasar de largo frente a las puertas que Dios nos abre o apenas entreabre.
Pero el Padre Kentenich decía algo más cuando se refería al significado de un año jubilar. Decía que debíamos revisar, verificar, si todo lo que surgió y creció, es sano, recto, o si en algo se desvió y debe ser enderezado.
Esto significa que en cada lugar donde Schoenstatt exista en el mundo, en cualquiera ciudad donde se encuentre, hay que verificar, hay que revisar, hay que hacer una evaluación si lo surgido corresponde auténticamente al espíritu que dio origen a Schoenstatt. Si eso que creció es lo que quería el Padre.
Él decía, (al inicio), "Schoenstatt no es un club de autoformación", Schoenstatt es un movimiento apostólico. El Papa Francisco formuló, poco tiempo atrás, una frase que todos conocemos, porque se hizo famosa. Respecto a la Iglesia, dice: "Prefiero una Iglesia accidentada a una Iglesia encerrada". ¿No podría ser que nosotros, en muchos casos, hayamos reducido a Schoenstatt precisamente a un club de autoformación, donde eternamente nos formamos para prepararnos para hacer un apostolado que nunca es tan visible y efectivo? ¿Nos hemos arriesgado en el espíritu del padre Kentenich y de lo que pide el Papa Francisco?
Prefiero una Iglesia "accidentada", prefiero un Schoenstatt "accidentado", a una Iglesia encerrada, a un Schoenstatt encerrado. Eso es lo que tenemos que verificar y revisar.
Queremos reafirmar lo bueno, lo positivo que ha surgido. Quizás también tenemos cosas que corregir, y algunas tal vez erradicar de las costumbres schoenstatianas.
Además, hay muchos desafíos que asumir, y cosas que debemos emprender, que todavía no han surgido, que el Padre fundador soñó para la Iglesia en la nueva rivera de los tiempos. Pienso, por ejemplo, en la inserción de los schoenstatianos en el mundo, en el sentido de la forjación de un nuevo orden cristiano de la sociedad.
El carisma de Schoenstatt no es para nosotros –todo carisma es un don del Espíritu Santo que Dios concede a personas y comunidades, para la vida de la Iglesia– no es para que nosotros simplemente gocemos de él, sino que es para la renovación de la Iglesia, para hacerlo fecundo en ella, entregándolo a su servicio.
No se trata de "mostrarle" lo que somos, sino de integrarnos vitalmente en ella. Para compartir el carisma pedagógico-pastoral del P. Kentenich y cooperar profundamente en la nueva evangelización, en la puesta en marcha de una nueva pastoral, en la cual ocupa un papel relevante la renovación de devoción a María, descubriendo la nueva imagen de ella, la nueva espiritualidad y pastoral mariana, que el Señor nos regaló a través de nuestro padre y fundador. Una piedad mariana, que supere una devoción mariana muchas veces pietista, pedigüeña o milagrera.
Hacemos un balance. Al hacerlo, de hecho aplicamos la ley de la resultante creadora, parte esencial del discernimiento providencialista.
Vivamos renovadamente a Schoenstatt como un "movimiento", como "un ejército en orden de batalla", siendo consecuentes con la "fuerza propulsora" de Schoenstatt, con la fe práctica, concreta, no teórica, en la divina Providencia.
¿Hasta dónde hemos realizado lo que el Padre sonó? Este jubileo nos llama, así pienso, a de verdad tomar en serio el tercer fin de Schoenstatt: la Confederación Apostólica Universal". El P. Kentenich hizo suya la genial idea de san Vicente Pallotti. Nosotros, ¿la hemos hecho nuestra?
Se trata de la "coordinación y animación de las fuerzas apostólicas" en el seno de la Iglesia. ¿Qué hemos hecho en este sentido en vista de coordinar, primero, nuestra propias fuerzas apostólicas? ¿Somos más bien "francotiradores"? ¿Poseemos estrategias apostólicas comunes? No desperdiciemos nuestras fuerzas apostólicas: "la unión hace la fuerza". No podemos reducir el "Cor unum in Patre" ...
Para poder ser "corazón de la Iglesia", es preciso empezar por casa, y creo que aún nos falta mucho por hacer. No puede suceder una vez más, que así como la comunidad fundada por Pallotti en la práctica no asumió su misión profética, que nosotros nuevamente, la dejemos por ahí, en un rincón, como un recuerdo de algo que se ve quizás como "poco factible".
Hay cosas que tienen que desarrollarse mucho más todavía. En este año jubilar, hagámos un esfuerzo, de tal manera, que cuando llegue el 18 de octubre del 2014, podamos decir a la Mater: Mater, aquí estamos, te venimos a agradecer, hemos hecho un balance, queremos afirmar lo positivo que ha surgido, agradecértelo, pero también queremos corregir lo que hay que corregir, y queremos hacer, lo que quizás todavía no hemos logrado hacer.
Nos renovamos para emprender "alegres por la esperanza" los próximos 50 o 200 años de Schoenstatt. De tal manera que la Virgen pueda contar ahora, después de 100 años, como en el inicio de Schoenstatt, con personas que se dan por enteros, como lo hizo un José Engling, un Max Brunner y tantos otros que han dado su vida por Schoenstatt, para que la renovación que tiene que surgir desde nuestro santuario, de verdad sea una renovación eficaz y fecunda en la Iglesia.
Que cuando lleguemos en Octubre de 2014 a Roma, podamos ofrecer al Papa Francisco, no solo un regalo simbólico, que le exprese nuestro afecto, sino, al mismo tiempo, nuestra decidida voluntad de compromiso, en el sentido de nuestro carisma, con la renovación de la Iglesia tal como él está tratando de llevarla a cabo. Quisiéramos decirle que así como nuestro Padre "Amó a la Iglesia", también nosotros queremos amarla como él.

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