Eurovisión y la apoteosis de la ideología de género

Europa ha caído a los pies de una extravagante artista llamada Conchita Wurst, una cantante que luce, sorprendentemente, una llamativa barba. Esto es una muestra más de que la ideología de género ha llegado para quedarse. ¿Qué consecuencias traerá para la sociedad?

Miércoles 17 de septiembre de 2014 | Mercedes de Soto

El 10 de mayo en el concurso de Eurovisión seguido, según dicen los índices de audiencia, por unos 180 millones de personas en todo el mundo, ganaba la candidata de Austria, que se hace llamar Conchita Wurst. Lo sorprendente del acontecimiento es que la cantante era una "mujer barbuda". Esta supuesta mujer en realidad se llama Tomas Neuwirth, quien para alcanzar el éxito y su sueño de ser representante de su país en Eurovisión, desde 2011 se sube al escenario vestido de mujer pero con frondosa barba.

Austria y finalmente Europa han terminado sucumbiendo ante los encantos de este extravagante artista. El público asistente aplaudió a rabiar en una espontánea reivindicación entusiasta de la tolerancia y de los derechos de las minorías sexuales, que es lo que este cantante dice defender cultivando este aspecto mitad hombre mitad mujer.

No estamos por tanto, ante un desorden hormonal que hoy la ciencia médica diagnostica. En distintas épocas se conocen casos de un pseudohermafroditismo femenino que fueron motivo del morbo en diversos ambientes, cultos y populares. Me viene espontáneamente a la memoria el cuadro de "La mujer barbuda" que J. Ribera pintó en 1631, cuya contemplación siempre me ha causado una gran congoja pues es difícil no compadecerse de la mujer con larga barba retratada en él. Se llamaba Magdalena Ventura y aparece dando de mamar a su hijo junto a su atribulado marido.

Actualmente asistimos a algo mucho más grave: a la apoteosis de la ideología de género presentada como diva en un derroche de medios audiovisuales que recibe así el aplauso y reconocimiento general.

Esta perversa ideología cuyo origen hunde sus raíces en los movimientos feministas de los años 60, mantiene que la liberación de la mujer solo puede venir de la erradicación total de la distinción entre hombre y mujer. Esta distinción, dicen los defensores de esta ideología, al no ser una diferencia sexual natural sino consecuencia de una determinada educación y de los "roles estereotipados" que se han venido adjudicando a los hombres y a las mujeres a lo largo de la historia, en realidad no existe, y por tanto, puede ser cambiada a voluntad de cada sujeto a lo largo de su vida. Esto tiene consecuencia devastadoras a nivel social y familiar.

Mirando a Conchita cantar, en medio de ese escenario lleno de efectos especiales, sin saber muy bien si estaba ante un hombre o una mujer, una puede preguntarse: ¿por qué no aceptar que se puede ser mujer en un cuerpo de hombre o femenino o que se puede ser hombre en un cuerpo de mujer o masculino? ¿Qué malo hay en ello? Y llevadas por el buenismo ciego que hoy impera, podríamos acabar diciendo: por favor, ¡no seamos retrógrados! vienen tiempos nuevos, nada hay ya que impida al hombre auto crearse, ser lo que quiera ser en cada momento.

Como apuntó el cardenal Ratzinger antes de ser papa, en la ideología de género aparece la última rebelión del hombre contra su condición de criatura, contra una naturaleza recibida que determina su forma de vivir y de ser. Si no existe una verdad sobre el hombre, los valores, las normas de conducta, el concepto de lo que es bueno o malo para la persona también pueden ser decididos y cambiados. En definitiva estamos ante una nueva forma de apostasía moderna, quizás la peor de todas. Sin la referencia a Dios, el hombre se constituye en el dios de sí mismo y la imagen del hombre se oscurece en grado sumo. A partir de este momento cualquier brutalidad contra el mismo hombre vuelve a ser posible.

El P. Kentenich advirtió desde su atalaya de profeta una y otra vez que las herejías modernas no serían sobre Dios, sino sobre el hombre y que la respuesta a ellas sería la Mujer vestida de sol, la vencedora de todos los engendros que el demonio tramaría para llevar a la ruina el hombre apartándolo definitivamente de Dios.

Por ello estoy convencida que a la mujeres nos corresponde un papel definitivo e insustituible en la lucha contra toda este ideología que se cimenta en una gran mentira diabólica. Es necesario que estemos bien al tanto de que va todo esto, sepamos desenmascarar y denunciar esta ideología en nuestros ambientes y mostremos en nuestro propio ser de mujer el antídoto que no es otro que María. Y no olvidemos que hay un campo que nos es accesible y no podemos descuidar: el de la educación, bien sea en la propia familia, o en la escuela. La ideología de género como toda ideología quiere dominar la educación. Ella es el campo fundamental de propagación de su concepto sobre la masculinidad y feminidad, sobre la sexualidad, sobre el matrimonio, la familia...etc. Sabe que controlada la educación, sometidas y malformadas las mentes de los niños, tiene en sus manos el futuro de la sociedad. Por tanto, ahí está nuestro frente de batalla, no podemos de ninguna manera desertar.

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